Cuando el hijo que tanto deseas no llega

Ocho años de esperanza, los límites de la medicina y el valor de saber cuándo parar

Por Ramona Blanco García Wolff

Ocho años. Ocho años de esperanza, inyecciones y esperas. Ocho años en los que cada transferencia embrionaria traía una nueva ilusión. Quizá esta vez. Quizá ahora sí.

Para Stefanie, el deseo de tener un hijo acabó convirtiéndose en una lucha. Contra su cuerpo. Contra el tiempo. Y contra una esperanza que se resistía a desaparecer. Hasta que una urgencia médica la obligó a parar. A pensar. A preguntarse cómo quería seguir viviendo. Y, finalmente, a soltar.

De todo esto hablamos en el pódcast. Sin esconder nada. Con sinceridad y, a ratos, con lágrimas. Mientras la escuchaba, pensé en tantas mujeres que viven algo parecido. Y en lo poco que hablamos de ello.

Hablamos de lo que la medicina puede conseguir. De embarazos que por fin llegan. De bebés que nacen después de años de espera.

Pero ¿qué pasa con quienes no lo consiguen?

¿Y qué pasa con las mujeres que un día se enfrentan a una decisión durísima? ¿Seguir intentándolo o parar?

Por eso escribo este artículo. Para compartir datos que conviene saber. Para hablar de lo que tantas veces se calla. Y para decirte algo importante: no estás sola.

No estás sola

Según el Ministerio Federal de Familia de Alemania, casi una de cada diez parejas de entre 25 y 59 años no consigue tener hijos, aunque los desea.

Casi una de cada diez.

Y, sin embargo, tengo la sensación de que hoy podemos hablar de casi todo. De relaciones. De crisis personales. De la menopausia. Pero cuando una mujer no consigue quedarse embarazada, muchas veces domina el silencio.

Las causas pueden ser muy distintas. A veces están en la mujer. Otras, en el hombre. A veces afectan a ambos. Y hay casos en los que, incluso después de todas las pruebas, no se encuentra una explicación.

Pero las preguntas suelen dirigirse a ella. Como si tener o no tener hijos fuera responsabilidad exclusiva de la mujer.

Mientras tanto, los tratamientos de reproducción asistida forman parte de nuestra realidad. Según el Registro Alemán de Fecundación In Vitro, en una clase escolar alemana suele haber entre uno y dos niños concebidos con ayuda médica.

De los tratamientos iniciados en Alemania en 2023 nacieron cerca de 20.000 niños.

Muchos niños. Muchas esperanzas cumplidas.

Pero también hay muchas personas que lo han intentado todo y no han conseguido tener hijos.

Pero estas historias se escuchan mucho menos. Muchas parejas prefieren vivir este proceso en silencio. Es algo muy íntimo, que no siempre apetece compartir. A veces por miedo a las preguntas, otras porque hablar de ello duele demasiado. Y otras, simplemente, porque sienten que es algo que solo les pertenece a ellos.

Lo que la medicina puede hacer. Y sus límites.

Cuando alguien empieza un tratamiento de fertilidad, suele escuchar historias que terminan bien.

Pero hay otra realidad. Y también merece ser contada.

Según el Registro Alemán de Fecundación In Vitro, en 2024 hubo embarazo en el 30,5 % de las transferencias de embriones en fresco. En las transferencias de embriones congelados, la cifra fue del 31,5 %. Las tasas de nacimiento disponibles para 2023 fueron del 22,5 % y del 21,9 %, respectivamente.

Pero eso no quiere decir que una mujer tenga solamente una posibilidad entre cuatro de ser madre. Las probabilidades dependen de muchos factores: la edad, la salud, las circunstancias personales y también el número de intentos.

Porque no debemos olvidar algo: cada mujer es un mundo.

La edad influye muchísimo. En los tratamientos analizados entre 2019 y 2023, las mujeres de 30 a 34 años lograron un embarazo en el 39 % de las transferencias. La tasa de nacimiento fue del 30,9 %. Entre los 41 y los 44 años, esas cifras bajaron al 17,1 % y al 9,3 %.

Números. Porcentajes. Estadísticas.

Pero detrás de cada cifra hay personas.

Para una mujer, un intento fallido puede ser otra llamada de la clínica. Otra prueba de embarazo. Otra espera llena de ilusión.

Y después, otra despedida. De algo que, por un instante, parecía estar tan cerca.

Stefanie vivió ese ciclo durante ocho años.

A veces me pregunto: ¿de dónde saca una persona tanta fuerza para seguir adelante cuando la esperanza y la decepción se alternan una y otra vez?

Y, sobre todo, ¿cómo reconoce el momento en que ya no puede más?

Lo que cuesta. Y no hablo solo de dinero.

De esto también tenemos que hablar.

En Alemania, las aseguradoras públicas de salud cubren, si se cumplen determinados requisitos, el 50 % del coste de hasta tres intentos de fecundación in vitro (FIV) o de inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI).

Pero no todo el mundo puede acceder a esa ayuda. La pareja debe estar casada y utilizar sus propios óvulos y espermatozoides. Los dos deben tener al menos 25 años. La mujer no debe haber cumplido los 40 y el hombre, los 50.

Además, la aseguradora debe aprobar el plan antes de empezar. Para otros procedimientos se aplican reglas distintas.

Congelar y conservar óvulos fecundados o embriones también puede suponer gastos adicionales. Lo mismo ocurre con su posterior transferencia. No son prestaciones que se cubran automáticamente en los tratamientos habituales. Existen excepciones, por ejemplo, cuando es necesario preservar la fertilidad antes de una terapia contra el cáncer.

Algunas aseguradoras ofrecen ayudas adicionales. Y en determinados estados federados de Alemania hay subvenciones públicas para tratamientos de fertilidad.

En ciertos casos, estas subvenciones también están disponibles para parejas no casadas. Depende del estado federado y de los requisitos de cada programa. Por eso es importante informarse antes de empezar: la solicitud suele tener que presentarse antes del tratamiento.

Aun así, muchas parejas acaban pagando una suma importante de su bolsillo.

Y luego están los costes que no aparecen en ninguna factura.

El cansancio físico. Las citas médicas. Los días de trabajo perdidos. La tensión en la pareja. Los años en los que parece que la vida está en pausa.

Quien lleva ocho años intentándolo no paga solo con dinero.

Y a veces, también lo paga con su salud física y mental.

Un dolor del que casi nadie habla

La psicóloga estadounidense Alice Domar lleva décadas investigando cómo afecta emocionalmente la infertilidad.

En un estudio de 1993, su equipo examinó a 149 mujeres con problemas de fertilidad. Después comparó su malestar psicológico con el de pacientes que tenían otras enfermedades graves, entre ellas cáncer y enfermedades del corazón. Encontró niveles de malestar psicológico similares en los grupos estudiados.

Eso no significa que todas las mujeres sufran por igual. Pero sí demuestra que este dolor puede ser muy profundo y que debería tomarse muy en serio.

Ese silencio también fue objeto de un estudio alemán realizado en 2020, titulado «Ungewollte Kinderlosigkeit 2020».

El 57 % de las mujeres afectadas y el 49 % de los hombres consideraban que la dificultad para tener hijos seguía siendo un tema tabú. Y el 39 % de las personas encuestadas lo percibía como un estigma social.

Un estigma.

Solo leer esa palabra me indigna.

¿Desde cuándo la capacidad de tener un hijo determina lo que vale una persona?

Y, sin embargo, muchas mujeres sienten precisamente esa presión.

Las preguntas en una comida familiar. El embarazo de tu mejor amiga. Te alegras por ella, claro que sí. Pero, al mismo tiempo, te duele. Y luego está ese cochecito de bebé con el que te cruzas por la calle.

Y luego están las frases de siempre.

«Pero si todavía tenéis tiempo».

«¿Y vosotros para cuándo?»

«Siempre podéis adoptar».

Casi siempre se dicen con buena intención. Pero sin pensar en lo que pueden provocar.

Y cada una puede doler como un pequeño pinchazo.

Quizá deberíamos preguntar más a menudo: «¿Cómo estás? Pero de verdad».

Y después, escuchar. Escuchar de verdad.

«Relájate, ya verás»

Pocas frases me molestan tanto como esta.

«Iros de vacaciones». «No le des tantas vueltas». «No te obsesiones». «En cuanto te relajes, te quedarás embarazada».

Como si todo dependiera de estar tranquila.

Pero no es así. La ciencia no respalda esos consejos tan fáciles.

El psicólogo Tewes Wischmann ya lo cuestionó en un trabajo científico de 2003. Señaló que solemos exagerar el papel de los factores psicológicos como causa única de la infertilidad. Tampoco hay razones para afirmar que dejar de buscar un embarazo aumente por sí solo las probabilidades de conseguirlo.

Eso no quiere decir que el estrés no importe. Claro que importa. Puede hacer que una etapa difícil sea todavía más dura. Y pedir ayuda para sobrellevarla puede venir muy bien.

Pero decirle a una mujer que solo necesita relajarse para quedarse embarazada es otra cosa.

Y además, es injusto.

Por eso quiero decirte algo, si alguna vez te has culpado por no conseguirlo:

No fue por estar demasiado nerviosa.

No fue por desearlo demasiado.

No hiciste nada malo porque tu deseo no se cumpliera.

Tu cuerpo no determina lo que vales como persona.

Soltar también es un camino

Quizá esta sea la parte más difícil de todas.

¿Cuándo se deja de intentar?

¿Después del tercer intento? ¿Del quinto? ¿Cuando se acaba el dinero? ¿Cuando la pareja empieza a sufrir? ¿Cuando tu cuerpo dice basta?

¿Y quién tiene derecho a decidirlo?

En el caso de Stefanie, una urgencia médica puso fin de golpe a esa sucesión de esperanzas y decepciones.

De repente, el siguiente intento dejó de ser lo importante.

Lo importante era ella.

Su cuerpo. Su vida. Y la pregunta de cómo seguir adelante.

Lo que más me conmovió no fueron solo los ocho años que había resistido.

Fue escuchar cómo llegó a entender que dejar de intentarlo no era lo mismo que fracasar.

Desde pequeñas escuchamos: «No te rindas». «Sigue luchando». «Si lo deseas de verdad, lo conseguirás».

Pero ¿qué pasa cuando seguir luchando empieza a quitarnos más de lo que nos da?

Quizá a veces haga falta más valor para soltar que para seguir luchando.

Eso no significa que el deseo desaparezca de repente.

Soltar también es despedirse.

Es despedirse de un hijo que nunca llegó, pero que durante años estuvo en tus pensamientos, en tu corazón y en tus planes.

De los cumpleaños que imaginabas. De la habitación que quizá nunca llegaste a preparar. De la vida que ya habías soñado tantas veces.

Ese duelo es real.

Aunque no haya una despedida a la que nadie lleve flores.

Merece su espacio. Necesita tiempo.

Y nadie tiene derecho a decirle a una mujer cuándo debería haberlo superado.

Puede que un día empieces a hacer sitio a algo nuevo.

Puede que recuperes deseos que llevabas años dejando para después.

Y puede que pase mucho tiempo antes de que consigas imaginar una vida distinta. Una vida que también pueda ser plena.

No hay prisa. Cada persona tiene su propio ritmo.

Porque una vida sin hijos no tiene por qué ser una vida sin sentido.

Dónde encontrar ayuda

Si estás pasando por esto, quiero dejarte algunas direcciones que pueden ayudarte. Todos estos recursos se encuentran en Alemania.

No tienes por qué afrontarlo todo sola.

  • Beratungsnetzwerk Kinderwunsch Deutschland (BKiD): red alemana de profesionales especializados en apoyo psicosocial. Acompañan antes, durante y después de los tratamientos de fertilidad. También cuando llega el momento de despedirse del deseo de tener hijos.
  • Centros de asesoramiento familiar y sobre embarazo: en Alemania, entidades como pro familia y AWO ofrecen orientación sobre infertilidad y deseo de tener hijos. Muchas veces es gratuita.
  • Informationsportal Kinderwunsch: portal oficial alemán con información sobre causas, tratamientos, ayudas económicas y recursos de apoyo.
  • Tu aseguradora de salud en Alemania: pregunta por las ayudas adicionales. No todas ofrecen las mismas prestaciones.

Y quizá puedas empezar por algo mucho más sencillo: hablar. Con tu pareja, con una amiga o con alguien ante quien no necesites aparentar que estás bien.

La historia de Stefanie en el pódcast

En el pódcast, Stefanie cuenta su historia.

De esos ocho años de esperanza. De los tratamientos. De tantas veces en las que pensó: «Ahora sí. Esta vez lo conseguiremos».

Y aquel día en el que todo cambió.

Hablamos de todo lo que vivió. De lo difícil que es soltar. Y de cómo volver a mirar la vida cuando un sueño tan grande no se cumple.

No es una conversación fácil.

Pero sí una conversación necesaria.

Y quizá precisamente por eso da fuerza. No porque todo acabe bien de repente. Sino porque nos recuerda que hay distintas maneras de vivir una pérdida, afrontar una decepción y empezar a imaginar otro futuro.

Puedes escuchar nuestra conversación en YouTube: https://youtu.be/hDIkxeS8WOE

Lo mucho que me tocó esta conversación y lo que despertó en mí lo he escrito en mi columna «Esta vez va a salir bien». Todos los episodios de nuestro pódcast los encuentras en la página del pódcast.

Y si estás viviendo algo parecido, si aún tienes esperanza, si sigues luchando o si estás pensando en parar, quiero decirte algo:

No tienes que decidirlo hoy. Y mucho menos porque alguien crea que ya deberías tenerlo claro.

Puedes seguir teniendo esperanza.

Puedes sentir tristeza.

Puedes seguir intentándolo.

Y también puedes parar.

No eres menos mujer. No vales menos. No estás incompleta porque el hijo que tanto deseas no llegue.

¿Conoces este camino? ¿Lo has vivido tú o has acompañado a alguien que lo está viviendo? ¿Qué te ha ayudado?

Una pequeña aclaración

Como vivo en Alemania, para escribir este artículo me he basado principalmente en estudios, estadísticas y fuentes oficiales alemanas. Por eso, los datos, las ayudas económicas y los servicios de asesoramiento que menciono corresponden a este país.

Si vives en España o en otro país, te recomiendo que consultes los recursos y las condiciones que existen allí.

Fuentes y lecturas para profundizar

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